viernes, 6 de mayo de 2011

Una platica de hace tiempo.

Lo primero que pensé cuando supe que tenía que escribir un discurso fue “¿De qué tratara?” Lógicamente todos pensamos sobre política, valores, alguna crítica social. Paso el tiempo y surgió una gran idea para el tema, hablarles sobre una de las partes más importantes de mi vida.

Hace tiempo me encontraba en la casa de mis abuelos viendo la televisión, cuando de repente llega mi abuelo y se detiene a observar el programa que estaban pasando. Me dio curiosidad ver porque llevaba tanto tiempo detenido ahí tan solo observado. Mi curiosidad rápidamente fue eliminada. Mi abuelo se sentó a mi lado y comenzamos a parlar, lo que aparentaba una típica platica sobre datos curiosos, o conocimiento general, termino en ser una charla sobre consejos. De todo eso resaltan cuatro: verdad, conocimiento, felicidad y amor.

Empezó diciendo algo como “Las personas dicen querer la verdad, que no se les mienta, pero cuando les dices la verdad se molestan, te dicen que no es cierto, que seguro y uno está exagerando las cosas.” Es raro cuando admiten las cosas. Por esto puedo decir que nos encontramos ante una gran incongruencia. ¿Cómo pedimos algo si no lo damos ni realmente lo queremos recibir? Por creamos las verdades omitidas, o verdades a medias. Omitimos detalles para que los demás escuchen lo que quieren, para no ofenderlos, para que sean felices. Después resulta que somos malas personas por decir verdades incompletas, o porque mentimos, o porque decimos las cosas como son. Aun así creo firmemente que debemos decir las cosas sin eliminar ningún dato, por mínimo que sea, aunque duela, a pesar de que verdad nunca termina de ser contada.

Ahora hablemos sobre el conocimiento. ¿Alguna vez han escuchado la frase “Ignorancia es felicidad”? Lamentablemente para muchos esta frase es cierta (viéndola del punto de verdad, el conocimiento de la verdad, o conocimiento de datos almacenados y relacionados). Y como repetía mi abuelo una frase de Martin Luther King, “nada en el mundo es más peligroso que la ignorancia sincera y la estupidez concienzuda”. Deja de estar sentado frente al televisor tanto tiempo o estar haciendo cualquier otra cosa que no necesite tu imaginación, dedícate a leer, investigar, curiosear, dedícate a aprender, a siempre seguir creciendo en conocimiento, algún día todo eso te será útil. Y como dijo Sófocles, “El saber es la parte más considerable de la felicidad.”

¿Y qué es la felicidad? ¿Tan solo conocimiento? Tal vez se pueda contradecir un poco lo que mencione hace unos momentos sobre el conocimiento y la felicidad, pero considero firmemente que la felicidad humana es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias. Un consejo que él me dio, similar a lo anteriormente dicho fue ser feliz siempre, sin importar lo que sucediera. Esa tarde él dijo una indudable verdad, el mundo está olvidando las pequeñas alegrías por lograr la gran felicidad. Con el paso del tiempo uno construye su concepto de felicidad, creo que la mejor forma de explicar mi concepto es con una pequeña historia: Cuando tenía cinco años mi madre me dijo que la felicidad era el punto clave de la vida. Cuando fui a la escuela ellos me preguntaron que quería ser de grande. Yo conteste “Ser feliz”. Ellos me dijeron que no entendía la clase. Yo les dije que no entendían lo que era la vida.

¿Pero como entender la palabra y verbo más raro de la vida? El amor, esa palabra tan mal usada, desconocida, incomprendida, carente de un significado concreto. Cuando falleció mi abuelo, me puse a ver sus apuntes, y hubo uno en particular que me atrajo. Corintios 1, 13:4-8. Es una cita de la biblia, que dice: “El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca falla.”

¿Y cuál ha de ser el origen del amor? Yo considero que las mujeres, las mujeres son la causa de todas las acciones de los hombres. Pero existen amores tan bellos que justifican todas las locuras que nos hacen cometer.

Mujeres, la mayor declaración de amor es la que no se hace; el hombre que siente mucho, habla poco.

Escuchas, el amor no es mirarse el uno al otro, sino mirar los dos en la misma dirección. Tampoco es un compromiso, sino más bien es como una promesa ligera y llena de dulzura. Y no existe el amor imposible, existe la cobardía asumida de esa promesa. No se necesita una pareja para tener amor, porque no existe mayor muestra de amor hacia alguien, que aquel que es capaz de poner su vida por sus amigos.

Después del tiempo, me doy cuenta que mi abuelo fue la persona más inteligente y sabia que he tenido el placer de haber conocido. Comparto esto con ustedes porque no encuentro una mejor forma de hacer memoria de aquel hombre.